A nadie escapa que una de las grandes tendencias en el mundo de la tecnología es su capacidad para infiltrase en nuestras vidas y convertirse en “algo” imprescindible pero a la vez cómodo, silencioso e invisible, un algo que vamos a llamar “Invisible Tech”.

Aborda nuestras rutinas cotidianas y poco a poco nuestros entornos más íntimos, como es el hogar y nuestras relaciones personales. Pero su capacidad como capa cada día crece un poco más y no es tampoco una sorpresa, aunque para algunos menos silenciosa y más desagradable, la “amenaza / oportunidad” (según se vea) que supone para el actual sistema laboral y en consecuencia para la pérdida y sustitución de puestos de trabajo.

Datos y estudios lo demuestran con contundencia:

Afectando, y por este orden, primero al transporte,  el trabajo más común en todo EEUU puede ser enteramente sustituido por la conducción automatizada, al cual le seguirá las empresas de producción, fabricas y el retail, proyectos como Amazon Go (o lo que ya le llaman la tienda del futuro) ya lo demuestran.

Y tras la mano de obra y servicios que sustituirán personas por robots principalmente vendrán luego los sectores intelectuales con la inteligencia artificial. Ni los sectores más artísticos y creativos parecen a salvo del cambio.

Porque no solo hay quien ya escribe por nosotros, sino que participantes del informe McKinsey apuntan que algunas músicas comerciales compuestas por máquinas son ya indistinguibles en calidad de las de los compositores comerciales por tanto esto de una forma u otra va a acabar “afectando” a estos u otros procesos creativos y de diseño que hoy desempeñamos los individuos.

Pero lo más trascendental es todo lo que con este hecho va a transformarse en nuestro “modus operandi” , conformando un nuevo orden social.  La tecnología no solo destruye, en este caso y sin endemoniarla, puestos de trabajo destruye y/o restructura un sistema de vida que hasta ahora entendemos, que nos facilita no solo un modo de ganarnos la vida sino una forma de organizarla y entenderla. Si esto cambia, cambia nuestro entorno y con él muchos de los aspectos que hasta ahora entendemos como lo “normal”.

De entrada se avecina una sociedad con más tiempo libre, con menos atadura y más flexibilidad, esa es una parte positiva a contemplar, otras que quizás menos y que algunos gobiernos punteros están ya explorando es los costes sociales y estructurales que esto va a suponer. A mayor destrucción de fuerza de trabajo como la que ahora conocemos mayor necesidad de “coberturas” para paliar las necesidades de esos individuos. Programas pilotos que ya están encima de la mesa, como el de Escocia o Finlandia, se basan en la creación de un ingreso básico para cada ciudadano sin perder de vista el principio de la sociedad del bienestar.

Un concepto de “salario universal”, “renta básica” o UBI (universal basic income) al cual tendrá derecho todo ciudadano, generará una nueva dinámica de relaciones entre el gobierno y sus ciudadanos y por supuesto las empresas y agentes implicados.

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Las teorías y pilotos sobre el “salario universal” giran en torno a la idea de ofrecer a cada individuo, independientemente de las prestaciones sociales existentes o por ingreso del trabajo, un pago adicional con la intención de proporcionar una plataforma económica básica. Una plataforma que sustituya la que hasta ahora conocemos y que viene cubriendo el trabajo, y el derecho al acceso al trabajo que todo trabajador ostenta, pero que paulatinamente se está destruyendo. Los defensores de este ingreso básico universal ven una explicación y oportunidad clara de sus efectos: Cuando se proporciona a una persona el dinero suficiente para no estar ansioso de que ellos o su familia sobrevivan, están más incentivados a trabajar que nunca. La pirámide de necesidades Maslow y principios humanistas encabezan algunas teorías de lo que pueden acabar sustituyendo al actual orden laboral y social.

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Con mucho por observar y desarrollar, esto es un buen apunte de hacia donde se encamina el futuro laboral, la fuerza de trabajo, los cambios sociales y estructurales relacionados y las oportunidades que pueden surgir tras este escenario inicial.

Quizás solo comparable a la 1a revolución industrial, valdría la pena revisar los escritos y testimonios de esa otra época, cuando las clases rurales se movilizaron a las ciudades.  Como pequeño apunte o comentario solo resaltar que la mayoría del ocio que hoy conocemos tiene sus orígenes en ese momento de la historia… pónganse a pensar.

A colación esta misma mañana he estado en la presentación del IAM weekend que se celebrará por tercera edición en Barcelona en Abril de este año, y está vez con la involucración total de Elisava. Su temática principal “Utopias”, desde una perspectiva de Optimismo crítico del futuro, que comparto, y una serie sesiones entrelazadas con más de 30 ponentes y workshops. Una dedicada a la temática que aquí avanzo, el post-trabajo, y que lanza tres cuestiones que podemos ya “dibujar”:

  • Cómo la Automatización cambiará nuestra definición de trabajo?
  • Qué debería pasar después del Capitalismo?
  • Qué rol tendrá el UBI (ingreso universal básico) en nuestras sociedades?

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En resumen se nos avecina, en esta sociedad del cambio,  un nuevo cambio de núcleo de atención social. El trabajo parece que va dejar de ser un eje de orden social y de todos los individuos/ sociedad.  En esta transición, nuevas formas de relaciones con el entorno, el tiempo, el gobierno, la tecnología y la marcas… nacerán, que no solo requiere de programas pilotos de gobierno sino también de altas dosis de creatividad, innovación y capacidad de imaginar la sociedad que nos avecina a nivel personal y empresarial y por supuesto, y puestos a pensar, qué lugar ocupará tu marca en este nuevo orden social?

Para adaptar el mañana hay que empezar por entender el presente, nuestra vocación desde Nethunting, más tendencias 2017 y futuras en info@nethunting.es.